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ESCRITOS DEL AUTOR
Libro:
La Teoría de los Senergicones
Aspectos Psico-Sociológicos del Subdesarrollo
Económico
Dedicatoria Prólogo y Capítulo 19 de La Teoría de los Senergicones
Libro:
La Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso
La Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso
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2 Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso (Capítulos
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La Teoría de los Senergicones
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Derechos reservados
© 1995 Editorial Trillas S.A. de C.V.
Walter H. Bruckman
Departamento de Ciencias Sociales
Universidad de Puerto Rico
Recinto de Cayey
La verdadera dimensión del hombre, no está dada por lo que alcanza, sino más
bien por lo que anhela alcanzar.
Anónimo que aparece en un mural de la Universidad de Zulia en Maracaibo,
VenezuelaDedicatoria
Dedicatoria
Quiero dedicar este trabajo a las figuras de Ernesto (Che) Guevara y Carlos
Marx.
En el campo de las transformaciones sociales podemos hablar de dos tipos de
personas: los que interpretan la realidad y hacen la teoría sobre ella y los
que ponen la teoría en práctica. Se trata de la complementación entre la
tarea del científico y la del revolucionario. Estos últimos son los hombres
de acción. Ambas tareas son extraordinariamente arduas, razón por la cual no
son muy frecuentes las personas que se destaquen en las dos por igual.
De los dos tipos de vidas la más apasionante es la del hombre de acción que,
identificándose con el dolor ajeno, entrega su existencia a una causa noble.
No obstante, ambos personajes van juntos en la historia y son casi
inseparables. Uno es el complemento del otro. Detrás de las ideas de todo
hombre de acción (gobernante, estadista, político, guerrillero o
revolucionario) hay por lo regular un filósofo o científico social (más
frecuentemente economista) de cuyas teorías se vale para interpretar la
realidad y proponer los objetivos o metas por las cuales se habrá de luchar.
Cuando la realidad social interpretada por el filósofo o el científico
social cambia muy rápidamente dejando a la teoría rezagada, o cuando dichas
teorías fallan en interpretarla correctamente, el sacrificio que el hombre
de acción hace en su intento por reivindicar alguna porción de la humanidad
se torna inútil, pues sólo contará con sus buenas intenciones y su amor por
el prójimo, pero no con un análisis correcto de la realidad, que es lo que
verdaderamente le permitirá transformarla. Vemos, pues, que el
revolucionario es por lo regular o el visionario propulsor de las ideas de
un filósofo o la víctima de dichas ideas. El propio Che no era ajeno a esto:
....Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una
verdad social, está por encima de cualquier enunciado; es decir, que la
revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad
histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella,
aún sin conocer la teoría. Es claro que el conocimiento adecuado de ésta
simplifica la tarea e impide caer en peligrosos errores, siempre que esta
teoría enunciada corresponda a la verdad.
(Subrayado del autor)
De ahí la importancia que tiene para el revolucionario armarse de una teoría
correcta o que, por lo menos, se acerque lo más razonablemente posible a la
descripción de la realidad. De otra forma todo el sacrificio podría ser en
vano. Para mí, Carlos Marx fue uno de esos teóricos que sirvió a la
humanidad desarrollando la teoría que le permitiera al revolucionario
interpretar la realidad. Podemos diferir o no sobre la aplicabilidad de la
metodología dialéctica a toda situación en general. No obstante, sí estamos
de acuerdo en la necesidad de analizar la realidad social a partir de un
enfoque metodológico dinámico. Sólo cuando empleamos el término dialéctica
en este sentido, podemos estar de acuerdo sobre su aplicabilidad general. Es
este enfoque dinámico en el análisis de la realidad social lo más valioso de
la metodología de Marx. Aportación ésta de la cual se ha hecho muy poco uso
correcto. Su interpretación sobre la forma en que funcionaba el capitalismo,
basada en esta metodología dialéctica, a nuestro juicio, fue certera. Con el
pasar del tiempo, la realidad que él describió cambió y sus teorías debieron
haber sido revisadas por sus sucesores para ajustarlas a las nuevas
realidades. Desafortunadamente, no fue así. No es fácil imitar su genio.
Otros científicos (no identificados con ideologías socialistas con las que
Marx, como hombre de su época, estaba identificado y las cuales pretendió
promulgar como soluciones a la miseria que traía el desarrollo del
capitalismo) reinterpretaron las grandes contribuciones de Marx para
ajustarlas al capitalismo cambiante. Tal es el caso de John Maynard Keynes.
Estas teorías, por corresponderse con la ideología capitalista a la que Marx
combatió, se convirtieron en las herramientas teóricas para interpretar la
realidad de los apologistas del capitalismo, que eran adversos a Marx y a su
pensamiento. En consecuencia, sirvieron para opacar las grandes aportaciones
de Marx y para restarle el justo reconocimiento que le corresponde.
Tanto Marx como Keynes estaban hablando de las dos caras de una misma
moneda. La obra de Marx, al explicar la forma en que funcionaba el
capitalismo, insinuaba también la forma en que podía salvársele, algo que él
no estaba interesado en propiciar. Keynes recoge esta insinuación,
reinterpretando la aportación marxista sobre el subconsumo en el sistema
capitalista. La Teoría Keynesiana (y sobre todo su célebre propensión
marginal a consumir) no es sino una manera distinta de presentar el problema
del subconsumo en el capitalismo como la causa de las depresiones
económicas.
No obstante, no es éste el lugar para hacer un análisis comparado de ambas
teorías. Espero realizar esa labor en una obra más adelante. Por lo pronto,
baste adelantar que, aunque muchos aspectos de la teoría marxista sobre el
funcionamiento del capitalismo han dejado de tener vigencia ante la realidad
de un sistema capitalista cambiante, en muchos otros sigue teniendo
vigencia, a pesar de los muchos años que han pasado.
Los seguidores de Marx hicieron un uso pobre y deficiente del enfoque
dinámico en el análisis del sistema capitalista posterior a Marx. Las
teorías del neocolonialismo y el imperialismo son algunos ejemplos de esto.
Estas teorías pretenden explicar las causas del subdesarrollo como un
problema, no de la baja productividad en los países subdesarrollados, sino
como consecuencia de unas relaciones comerciales altamente desventajosas
para los países subdesarrollados. Los países desarrollados son ricos porque
los subdesarrollados son pobres. Una cosa es consecuencia de la otra. Por
absurdo que un planteamiento tan sencillo y trivial parezca, ha tenido y
continúa teniendo una gran aceptación en el pensamiento radical de
izquierda.
¿A qué se debe? Hay varias razones. Una, a nuestro juicio importante, es la
siguiente: las teorías del neocolonialismo y el imperialismo calan con
facilidad, porque evocan emociones etnocéntricas muy fuertes y además
liberan de la tensión y malestar que produce el hacerse responsable de sus
problemas. Es un fenómeno psicológico. Todo lo que evoca la patria y la
lucha contra los enemigos de ella, reales o no, produce fuertes emociones y,
en consecuencia, es fácil que cale profundo. Cuando el análisis o teoría que
se establece describe la realidad, tales pasiones exacerbadas sirven para
emprender grandes hazañas, como la independencia de los países americanos, o
la resistencia a la invasión de un país, como la que escenificaron los
ingleses y el resto de Europa ante la invasión alemana. No obstante, cuando
el análisis o teoría que se establece para exacerbar las emociones
etnocéntricas no describe la realidad, estos sentimientos y emociones son
consumidores de mucha energía y responsables de una gran pérdida de tiempo
en la lucha de los pueblos por salir de su condición de pobreza. Sirven como
trampas que los mantienen dándole vueltas a la noria que por fuerza no los
pueden conducir a ninguna parte. Tal ha sido el caso de América Latina y de
todos los demás países del Tercer Mundo.
La pérdida de tiempo y energía es una consecuencia grave de la ausencia de
una teoría correcta sobre la realidad, pero la pérdida más grande es la de
los hombres excelsos que, por no contar con la guía de una teoría correcta,
sacrificaron sus vidas sin ver realizarse sus ideales.
Los revolucionarios que emplearon la teoría marxista sobre el funcionamiento
del capitalismo (que con el pasar del tiempo había perdido vigencia) como
herramienta para interpretar la realidad y formular las soluciones vieron
sus esfuerzos perdidos. Tal es el caso de la revolución cubana, la rusa y la
china y sus muertes convertidas en inútil sacrificio, tal es el caso del
Che, entre otros.
Es por eso que quiero dedicar este trabajo a las dos personas que más han
influenciado mi vida, el Che y Marx. Se preguntarán cómo pueden haber
influenciado en mí dos personas cuyos pensamientos políticos y económicos
son diferentes al mío. El Che y Marx son hombres de su época y como tales
estaban sujetos al horizonte que el conocimiento de su época les marcaba.
Marx, por ejemplo, criticó la gesta de Simón Bolívar en América, acusándolo
de representar los intereses de la burguesía, quizás con razón, aunque no
por eso deja de estar equivocado en su análisis. Nadie es tan perfecto ni
tan genial como para acertar en todo. En el caso del Che, creía que las
causas del subdesarrollo latinoamericano estaban en el imperialismo
norteamericano. Estaba equivocado, pero también lo han estado muchas de las
personas importantes de nuestra América que pensaron lo mismo. Decía el Che:
¿Qué es el subdesarrollo?
........Países coloniales, semicoloniales o dependientes. Somos países de
economía distorsionada por la acción impe-rial, que ha desarrollado
anormalmente las ramas industriales o agrícolas necesarias para complementar
su compleja economía. El "subdesarrollo", o el desarrollo distorsionado,
conlleva peligrosas especificaciones en materias primas, que mantienen en la
amenaza del hambre a todos nuestros pueblos.
La figura del Che, como la de tantos otros, no desmerece un ápice por haber
errado en tales apreciaciones, pues, tal y como insinúa la frase en el mural
de la niversidad de Zulia, la grandeza de los hombres ha de medirse por la
nobleza de los ideales perseguidos y la pureza de su alma. El Che mismo no
desconocía esta realidad. Con esa intuición que poseen los grandes,
reconocía que por más acertada o genial que sea la obra de un hombre, su
condición humana no lo hace infalible en todo lo que dice o hace. Y sin
embargo, razona el Che, esto no desmerece su obra, ni le resta importancia,
ni debe ser motivo para no estudiársele seriamente:
A Marx, como pensador, como investigador de las doctrinas sociales y del
sistema capitalista que le tocó vivir, puede, evidentemente, objetársele
ciertas incorrecciones. Nosotros, los latinoamericanos, podemos, por
ejemplo, no estar de acuerdo con su interpretación de Bolívar o con el
análisis que hiciera Engels y él de los mexicanos, dando por sentadas
incluso ciertas teorías de las razas o las nacionalidades inadmisibles hoy.
Pero los grandes hombres, descubridores de verdades luminosas, viven a pesar
de sus pequeñas faltas, y éstas sirven solamente para demostrarnos que son
humanos, es decir, seres que pueden incurrir en errores aun con la clara
conciencia de la altura alcanzada por estos gigantes del pensamiento.
En la figura del Che vemos al hombre de acción, al político, sentir el dolor
y la injusticia de los desposeídos, mirar a su alrededor, armarse de la
herramienta ideológica que él entendió más adelantada de su época y
disponerse a dar la vida por la humanidad.
En la figura de Marx vemos al hombre científico que sacrifica su vida, y
hasta su familia, por legarle a la humanidad un mundo mejor, mediante el
análisis científico de la realidad, comprometido con la acción.
En los momentos más difíciles de mi vida, evoco la figura del Che en medio
de la selva plagada de torturantes penurias, mosquitos, humedad (tratándose
de una persona asmática), falta de alimentos, de agua, etc., huyendo de las
balas enemigas en medio de un ataque de asma; y me consuela su figura,
pensando que mi suerte no es tan mala, por más grave que sea mi condición.
Veo en él la figura de Cristo. Aquél que después de alrededor de 2 años que
parecerían mil, de grandes sacrificios en la guerra revolucionaria de Cuba,
lo tiene todo; fama, reconocimiento de sus coetáneos, una posición en la
historia, un puesto importante en el gobierno, una familia, y lo deja todo y
se va al martirio en Bolivia por amor a la humanidad.
La vida del científico teórico es sumamente monótona y aburrida. No tiene la
emoción y la intensidad de la del hombre de acción, cuya función es poner en
práctica la teoría. Más que Walter Bruckman me hubiese gustado ser el Che.
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