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ESCRITOS DEL AUTOR

Libro:

La Teoría de los Senergicones

 Aspectos Psico-Sociológicos del Subdesarrollo Económico

Dedicatoria Prólogo y Capítulo 19 de La Teoría de los Senergicones


Libro:

La Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso

 

La Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso puede ser bajada de este lugar a partir de los siguientes tres documentos:

1 Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso Instrucciones y Resumen

2 Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso (Capítulos 9 al 16 y 20)

3 Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso (Libro completo)

Documento 3 requiere número clave para ser abierto. Ver instrucciones en documento 1.


La traducción en el idioma inglés de La Teoría de los Senergicones puede ser bajada de este lugar a partir de los siguientes tres documentos:

1 Teoría Senergicones Instrucciones (Español)

2 Teoría Senergicones Capítulos 1 al 11 (Ingles)

3 Teoría Senergicones Capítulos 12 al 19 (Ingles)


Documento 3 requiere número clave para ser abierto. Ver instrucciones en documento 1.

Los documentos 1, 2 y 3 de la Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso, así como los documentos 1, 2 y 3 de la Teoría de los Senergicones se abren con el programa Adobe Acrobat, el cual es gratis.  Para adquirir Acrobat Reader v4.05 debe ir al sitio de Adobe

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Prólogo



I La Idea de Reformular la Teoría Psicológica

Hace un tiempo nos interesamos en estudiar las causas del subdesarrollo. Con tal objetivo en mente, emprendimos algunos viajes por América Latina y visitamos, siempre que podíamos, algunas fincas agrícolas en cada país. Pensábamos que si el problema del subdesarrollo era de productividad, todo lo que teníamos que hacer era estudiar los modos de producción y cambiarlos por tecnologías más productivas. De ahí nuestro interés por estudiar los modos de producción agrícola y compararlos con los de los países desarrollados en busca de la tecnología óptima. Puesto que en cada viaje disponíamos de muy poco tiempo (tres meses de vacaciones en verano) y de ningún recurso financiero que no fuera mi salario de profesor, nos concentramos en la producción de carne de pollo y de cerdo. Para nuestra sorpresa, aun en países tan subdesarrollados como Perú, se utilizaba en proporción significativa tecnologías de producción avanzadas. Por ejemplo, la familia Ponce Frío, en Perú, utilizaba en la producción de carne de pollo tecnologías muy avanzadas y la familia Fucuda producía carne de cerdo utilizando también las técnicas más modernas de producción. Ciertamente que estas fincas agrícolas no eran lo típico en el país, dado que la mayoría de ellas utilizaban tecnologías atrasadas.


Lógicamente, pesamos que una manera de producir el desarrollo económico era utilizar estas fincas como modelos para los agricultores y difundir estas tecnologías por todo el país. Pronto advertí que eso no era factible. El obstáculo principal eran las actitudes de los campesinos, que no propiciaban la difusión de estas técnicas de producción. Más aún, nos pareció ver, casi por intuición, que la prosperidad de estas fincas agrícolas dependía, no de la tecnología que usaran, sino de sus actitudes ante la vida. Que aun con tecnologías no muy avanzadas, tenían prosperidad los de actitudes adecuadas hacia el ahorro, la economicidad, la eficiencia, la disposición hacia el trabajo, etc. Desde esta perspectiva pensábamos que una parte substancial del subdesarrollo era un problema de actitudes.


Estos hallazgos nos llevaron a enfocar el estudio del subdesarrollado desde la perspectiva psicológica y sociológica más que desde la económica. Hacía tiempo que habíamos observado que en los países subdesarrollados gran parte de las instituciones no funcionan o funcionan muy deficientemente. La policía no funciona, la justicia y los tribunales no funcionan, los medios de transportación funcionan muy deficientemente, sin hora de salida ni de llegada y sobre todo, sin ninguna responsabilidad por el servicio que se les da a los clientes. En especial, notamos que mientras mayor era el nivel de desarrollo de un país, mayor era el nivel de disciplina que se observaba en los ciudadanos. Es decir, había una correlación entre las actitudes hacia la disciplina y el nivel de desarrollo económico.


Sobre esta base elaboramos nuestro primer esbozo de las causas del subdesarrollo. Cuando teníamos nuestras ideas más o menos terminadas, llegó a nuestras manos un libro publicado por el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard sobre las causas del subdesarrollo, que fue nuestro dolor y nuestra alegría. El libro se titula "Underdevelopment is a State of Mind" (El subdesarrollo es un Estado Mental) de Laurence E. Harrison. Aunque su teoría no era igual a la nuestra, ciertamente existía gran analogía. Más aún, en este libro se citaba toda una bibliografía sobre otras personas que ya habían hablado sobre el tema en el pasado. Nuestra desilusión fue grande, pues pensamos que dicha publicación nos ganaría la gloria de haber sido el primero en expresar tales ideas. Por otro lado, el observar que otras personas habían llegado a conclusiones análogas a las nuestras nos llenaba de regocijo, pues eso quería decir que nuestro discurrir no era errado y que nuestras apreciaciones quedaban confirmadas por las apreciaciones de otros.


La aparición de este libro nos condujo a otra sorpresa más grande aún. Nos quedamos esperando que el mundo se inclinara ante tan extraordinario descubri-miento y, sin embargo, nadie le hizo caso. Al menos, así ha sido hasta hoy. Al fijarnos en la fecha de la publicación del libro (1985) nos dimos cuenta de que llevaba un tiempo en circulación sin que la comunidad académica e intelectual le diera ninguna importancia.


Reflexionamos. Si esto sucedió con un trabajo que recibe el respaldo y el financiamiento de una universidad del prestigio de Harvard, en el caso nuestro, de seguro que ni siquiera encontraría quien lo quisiera publicar, mucho menos quien le prestara atención. Nos preguntábamos por qué razón nadie le había hecho caso a algo que resultaba tan obvio. Más aún, según la bibliografía citado por el propio Harrison, esto se ha venido repitiendo en forma similar por distintos autores, sin que nadie le haya prestado atención. Tal es el caso de Carlos Rangel en su libro "Del buen Salvaje al buen Revolucionario". Pensamos que podía deberse a que no se había establecido el vínculo o conexión específica entre los valores, las actitudes, la cultura y el subdesarrollo. Es decir, no se habían establecido las relaciones de causalidad entre todos estos elementos, que siempre se consideraban en forma implícita relacionados en el análisis, pero que en forma explícita nunca se ha llegado a explicar cómo es esa relación. El propio Harrison lanzaba un reto al respecto en el último párrafo de la introducción de su libro

...I want to repeat my belief that culture, more than any other factor, explains why some contries grow faster and more equitably than others.

...One of my principal hopes is that others will be stimulated by the book to undertake the research that will either verify, expand, or modify the thesis.


Decidimos recoger dicho reto y tratar de convertir la creencia en un hecho científico estableciendo las relaciones de causalidad.

Nuestro próximo paso consistió en examinar la literatura psicológica y sociológica para determinar qué decían estas disciplinas sobre la formación de las actitudes, los valores, la motivación, etc. en los individuos y poder de esta manera formular una relación de causalidad entre la formación de las actitudes y el nivel de desarrollo económico. Aunque parezca sencillo, ésta era una tarea muy ardua, pues, como economista, no estábamos familiarizados con la teoría psicológica. Después de revisar la literatura descubrimos que dicha tarea no se podía realizar dado el actual desarrollo alcanzado por la teoría psicológica y sociológica. Lo más relevante a nuestro interés era la primera. Muy a nuestro pesar, nos pareció deplorable el estado de desarrollo de estas ciencias. Los conceptos desarrollados en ellas sobre los valores, las actitudes, las emociones, la motivación, etc., nos parecían equivocados. Nuestra experiencia personal e intuición nos decían que las relaciones verdaderas no eran las que la teoría planteaba. Además, no parece haber integración entre los diferentes aspectos de la teoría psicológica. Los temas o áreas de la psicología parecen islas de conocimientos no interrelacionadas unas con otras o interrelacionadas en forma pobre. Es así que la interrelación entre las actitudes, las emociones, la motivación, etc., no aparece claramente establecida y, en muchos casos, simplemente no se establece. Más aún, hay ocasiones en que se afirma que la relación no existe. Por ejemplo, en el caso de la emoción y la motivación la teoría afirma que se trata de procesos independientes.


Para nosotros todas estas cosas estaban íntimamente relacionadas. Especialmente, nos parecía que las emociones jugaban un papel fundamental en la motivación del individuo, que según nuestra apreciación, no nos parecía tratado adecuadamente en la teoría. Tampoco nos parecía que se trataba adecuadamente la relación de los valores y las actitudes con las emociones y la motivación en el individuo. Por tal razón, pronto arribamos a la conclusión de que si queríamos elaborar una teoría sobre el desarrollo económico, debíamos reformular toda la teoría psicológica desarrollada hasta el presente. Hicimos a un lado nuestra tarea de elaborar una teoría sobre el desarrollo económico y emprendimos la labor de rehacer la teoría psicológica. El presente trabajo es el resultado de dicha labor y es sobre esta base sobre la que habremos de continuar en el futuro nuestra labor original sobre las causas del subdesarrollo económico, que mientras tanto han quedado en suspenso.


¿Qué implicación tiene para los psicólogos y sociólogos esta teoría? Debido a la importancia que tiene para los gobernantes el mejorar los estándares de vida de la sociedad, la economía alcanza un gran prestigio sobre las demás ciencias sociales. Al punto que, para tomar sus decisiones, prácticamente no existe gobernante que no cuente con un asesor económico. Los principales asesores de los gobernantes hoy por hoy son economistas. Los psicólogos y sociólogos brillan por su ausencia.
Si esta teoría resulta correcta, y si es correcta nuestra apreciación de que una parte substancial del desarrollo económico depende de las actitudes, en el futuro los principales asesores de los gobernantes serán psicólogos sociales o sociólogos psicólogos en vez de economistas. Es decir, se estaría estableciendo un modelo de teoría psicológica y sociológica cuyo funcionalismo la convertirá en la herramienta más práctica y eficaz para hacer política pública en la sociedad.

II El Descubrimiento del Senergicón como Elemento Clave de Nuestra Teoría

Nos ha tomado aproximadamente un año y medio producir, en su esencia, esta teoría. El elemento clave para su desarrollo surgió de manera accidental. Habíamos dedicado largas horas, por varios meses, a descifrar cómo se formaban las actitudes. En un viaje que hicimos a los países de Europa nos llamó la atención un hecho particular ocurrido en un tren que iba de Alemania a Holanda. Debido a que en más de una ocasión tuvimos la amarga experiencia de pasar el lugar donde debíamos bajarnos, nos hicimos la firme resolución de que no nos ocurriría de nuevo. Nuestra deficiencia con el inglés hacía que muchas veces no entendiéramos con mucha claridad la respuesta que nos daban cuando preguntábamos cuál era la siguiente parada. Nuestra medida preventiva consistía en preguntar todas las veces que fuera necesario, hasta despejar toda duda.


No recordamos en cuál pueblo era que teníamos que bajar, pero paramos a uno de los mozos del tren que pasaba por el pasillo y le preguntamos cuál era la próxima parada. Éste nos lo dijo y nosotros entendimos claramente lo que nos dijo. Al poquito rato recordamos que en las otras ocasiones creíamos haber entendido correctamente y sin embargo no fue así, por lo que nos dispusimos a parar al mozo nuevamente para volver a hacerle la pregunta. Cuando el mozo pasó, sentimos una gran vergüenza de volver a preguntarle la misma tontería que ya nos había dicho con toda claridad y no pudimos pararlo. Nos pusimos a reflexionar sobre ello, ya que tenía relación con lo que estábamos estudiando sobre formación de actitudes y la activación de emociones. Entonces, nos dijimos: "nos da vergüenza preguntar dos veces a la misma persona porque va a pensar que somos tontos". Luego pensamos en esperar a que pasara otro mozo distinto para hacerle la misma pregunta. Curiosamente, para nuestra sorpresa, tampoco pudimos pararle pues la emoción vergüenza volvió a invadirnos. Nos dijimos: ¿Cómo es posible que nos dé vergüenza si se trata de una persona distinta que no puede pensar que somos tontos? Después de alguna reflexión, llegamos a la conclusión de que era la persona que estaba detrás de nosotros la que nos producía la emoción vergüenza y no el mozo. Nuestro subconsciente había captado que esta persona nos había visto preguntarle al primer mozo. En consecuencia, sentíamos vergüenza porque a nivel totalmente inconsciente nuestro cerebro había registrado la presencia de un objeto que era el que nos activaba la emoción vergüenza.


Estuvimos reflexionando largo tiempo sobre este hallazgo y descubrimos la idea central sobre la cual empezamos a estructurar nuestra teoría. Esta era la idea de una sensación energizante de la conducta (senergicón) activada por la presencia de un objeto. Pensamos que en alguna parte de nuestro cerebro algo había contrastado la alternativa de acción que nosotros habíamos elaborado, con la constelación de valores. Repetir la misma pregunta dos veces, pensamos, era disonante, como alternativa de acción, con el valor "hacer el ridículo o el tonto es malo", en consecuencia, se activa un senergicón. Esto fue lo que sucedió con el primer mozo. Luego, la experiencia con el segundo mozo sugirió que ciertos aspectos de este proceso podían ser inconscientes. La velocidad en que ocurre este proceso de contrastación es tan rápida que, para el individuo, las cosas aparecen como si se tratara de algo que sucede instantáneamente.


También descubrimos que la instalación de un valor era algo bastante estable y difícil de cambiar. Condujimos varios experimentos al respecto en las ciudades que íbamos visitando. Por ejemplo, habíamos observado que cuando preguntábamos a un transeúnte por alguna dirección en la calle y éste nos daba una orientación incorrecta, señalándonos para el lado, a nuestro juicio, equivocado, la tendencia de nosotros es seguir en la dirección incorrecta para no hacer sentir mal al que nos ayuda. Si nos vamos en una dirección contraria hacia donde nos señalan nos da vergüenza y pena, pues le estamos diciendo torpe al que nos trata de ayudar. Estando en París nos hicimos la resolución, como experimento, de empezar a preguntarle a la gente por alguna dirección y luego tomar en el sentido contrario de por donde se nos señalaba. La idea era desaprender el valor que activaba la emoción vergüenza e instalar uno nuevo en su lugar. El valor que nos producía vergüenza era "el decirle tonto o ignorante a una persona con los gestos o acciones es malo". El valor por el cual queríamos sustituir éste, era "El tener perfecto dominio sobre lo que deseamos hacer es bueno".


Nos dimos a la tarea, mientras nos repetíamos silenciosamente este último valor, de preguntar direcciones y una vez terminaban de darnos las explicaciones tomábamos la dirección opuesta. Después de muchas repeticiones de este experimento, seguía produciéndonos una gran vergüenza y pena el actuar de este modo. Sobre todo, cuando la persona era amable y se desvivía por ayudarnos. Esto nos llevó a concluir que la formación de valores, una vez instalados, tenía gran estabilidad.


Estos experimentos, producto de la reflexión personal, nos llevaron a un tercer hallazgo. La introspección, como metodología de investigación, tan desacreditada por la psicología contemporánea, debía ser el único camino disponible para salir del atolladero en que se encontraba la ciencia en la actualidad y poder adelantar algo. Al llegar a Puerto Rico, empleamos dicha metodología para desarrollar nuestra teoría.

III La Corrupción, la Ineficiencia y la Baja Productividad, y su Relación con las Actitudes

Algo que nos impresionó en forma notable de nuestros viajes por los países de Europa y Latinoamérica era las diferencias dramáticas en las actitudes. Si en Latinoamérica la policía era fácil de sobornar, en Europa esto no es factible. Al menos no es lo común. Si en Latinoamérica la justicia en los tribunales no se puede ejercer debido al alto grado de vulnerabilidad del sistema de justicia criminal, en Europa y Estado Unidos es lo contrario. Tanto es así, que la amenaza más grande que se le puede hacer a un narcotraficante es decirle que se le deportará a Estados Unidos para ser juzgado allá. Ponen bombas y declaran una guerra terrorista sin cuartel. Algunos de ellos han ofrecido hasta pagar la deuda nacional de su país con tal de que no los deporten. Todo ello por que saben que en esos países tienen una posibilidad pequeña de influenciar, presionar, sobornar, extorsionar o manipular el sistema de justicia criminal. En su país se sienten seguros en ese sentido. Si bien en Europa existe la corrupción gubernamental, en Latinoamérica ésta está institucionalizada a tal grado que se convierte en la norma y no en la excepción. Cuando a un político se le sorprende robando, en vez de renunciar, se rehusa a abandonar su puesto y su queja amarga parece revelar la visión enajenante de que se le está violando el sagrado derecho a robar su porción de lo que justamente le corresponde del saqueo nacional. Es decir, la actitud no es la que produce vergüenza por haber sido descubierto robando, sino la de "denunciar la persecución de la que se es víctima" por parte de aquéllos que no le han permitido salirse con la suya y que él identifica como sus enemigos. Roba el asambleísta, el legislador, el alcalde, el gobernador, el ministro, el secretario, el presidente, etc.. En fin, que robar se constituye en la norma y no en la excepción. La cotidianidad del robo abarca todas las esferas sociales más alla del gobierno, lo cual contrasta con lo que se observa en los países desarrollados. Por ejemplo, si bien en Europa se pueden encontrar casos aislados de piratería sobre los derechos de autor, no obstante estas prácticas son fuertemente perseguidas y sancionadas por el gobierno; por el contrario, en Latinoamérica las copias de "cassette" musicales de cualquier cantante o agrupación musical se venden públicamente, tanto en los mercados ambulantes, como en los establecimientos comerciales. La piratería de programas de computadora es la orden del día. La piratería de libros se practica sin ningún pudor, con la indiferencia y, en algunos países, hasta con la anuencia y participación de funcionarios gubernamentales corruptos que se benefician de ello. La puntualidad y la responsabilidad son marcadamente diferentes, como actitudes, en los países desarrollados y subdesarrollados. Si en Latinoamérica la regla es que un autobús que debe salir a las 8 en punto, salga a las 9, 10 u 11, en Europa si se llega a la estación de autobuses a las 8 y un minuto, la probabilidad de que pierda el autobús es casi segura. Si en Latinoamérica la responsabilidad pública de las empresas es pobre o ninguna, en Europa y Estados Unidos si una línea aérea o de autobuses deja a un pasajero en la terminal por culpa de la empresa, el pasajero sabe que lejos de lamentarse puede regocijarse, pues se le devuelve el importe de su pasaje y al otro día viaja gratis. Mientras tanto, esa noche los gastos de alojamiento en hotel y comida corren por cuenta de la empresa. Recuerdo una de tantas experiencias en este sentido viajando por Latinoamérica. Una empresa de autobuses que viajaba de Santiago a Antofagasta sufrió una avería en el medio del desierto. El conductor nos bajó del autobús y nos dijo en medio de un desierto tan sofocante como aquél que debíamos procurar conseguir transportación por nuestra cuenta. Cuando le reclamé la devolución del pasaje me señaló con cara de víctima que si yo creía que él había dañado el autobús a propósito. Que él no tenía ninguna culpa de que el autobús se averiara y no hubo manera de que me pagara. En otras palabras, dentro de su constelación de actitudes él me había cobrado, no por llevarme a Antofagasta, sino por su intención de llevarme a ella.


Vemos, pues, que las instituciones sociales en los países desarrollados, tanto públicas como privadas, son eficientes y funcionan, no siendo así en los subdesarrollados. En consecuencia, la productividad en los primeros es alta.


Dejando a un lado el funcionamiento de las instituciones sociales para examinar el funcionamiento de los individuos en la sociedad, se observa en los países desarrollados un alto nivel de disciplina, contrario al caso en los subdesarrollados. Se observa también una alta correlación entre el nivel de desarrollo económico alcanzado por un país y el nivel de disciplina que revelan sus ciudadanos en sus actitudes. Por ejemplo, Suiza tiene el ingreso per cápita más alto del mundo, después de Kuwait. En el caso de Kuwait este alto ingreso se debe a la explotación del petróleo, pero en el caso de Suiza se trata de una enorme productividad. El ingreso per cápita de Suiza fue para 1989 de $29,880. Es mucho más alto que el de Estados Unidos. Aproximadamente $10,000 más alto. Pero Suiza, a diferencia de Estados Unidos, es un país muy pequeño. El nivel de disciplina que se observa en Suiza es impresionante. Al llegar a Ginebra advertimos que para tomar el autobús no había que pagarle al conductor. El sistema está basado en la confianza y la honestidad del ciudadano. En la parada hay una alcancía con un listado de las paradas que hace el autobús, la hora exacta a la que llega en cada parada y el precio que deberá depositar en la alcancía para cada parada en que vaya a bajarse. La alcancía le devuelve un recibo por el importe de las monedas que depositó en ella, pero ni el conductor del autobús, ni nadie le pide ese recibo para confirmar su pago.


En nuestro país un sistema así, de ser establecido, iría a la quiebra inmediatamente, ya que el porcentaje de evasores no permitiría su funcionamiento. De hecho, nos llamó tanto la atención este ejemplo de autodisciplina, que decidimos hacer un experimento para verificar hasta dónde podía ser vulnerable ese sistema si tuviera que funcionar con personas que no respondan a esa constelación de actitudes. Mediante preguntas a los pasajeros, averiguamos que en ciertos puntos del centro de la ciudad era probable que un inspector subiera al autobús y verificara los recibos de importe de cada pasajero. Quien no los tuviera debía pagar una multa equivalente a, aproximadamente, 50 dólares americanos. Nos trasladamos rápidamente a ese lugar y esperamos pacientemente que algún inspector subiera el autobús. El experimento, pensamos, bien valía la pena sacrificar los 50 dólares. Después de varios intentos logramos nuestro propósito. Subió al autobús un hombre, ya en edad de retiro, que inmediatamente comenzó a solicitar los recibos. Lo primero que pudimos notar fue lo fácil que era para el evasor determinar cuáles eran los puntos en donde estos inspectores se encontraban. En segundo lugar, que era fácil de identificarlos de manera que la persona se podía bajar del autobús por la puerta de atrás cuando ellos entraran. Sólo por esto este sistema no funcionaría en nuestro país. En consecuencia, el funcionamiento y la efectividad del mismo dependerán de la autodisciplina de los ciudadanos y, por ende, de sus actitudes. Cuando el inspector llegó hasta mi persona, le indiqué que no tenía recibo. No podemos describir la cara de sorpresa que puso aquel señor. Tal parecía decir con la expresión que esperaba jubilarse sin poderse topar nunca con un evasor. Su rostro se desencajó un poco y, con un gesto que parecería más de alegría y de nerviosismo que de coraje, comenzó a expedirme un boleto mientras gesticulaba afirmando con la cabeza, a la vez que me indicaba el monto de la multa a pagar. Le respondí que yo no tenía dinero para pagar multas y entonces pareció desorientarse. Como si no pudiera creer lo que estaba viendo. Esta vez, de forma visiblemente nerviosa, mandó al conductor a detener el autobús mientras me ordenaba bajar de él y tomando su radiocomunicador envió un mensaje a la estación central en el que solicitaba que se le mandara un vehículo al lugar con el objetivo de recogerlo a él y a un arrestado. Al bajarse del autobús él comenzó a caminar adelante ordenándome que lo siguiera. Yo giré y comencé a caminar en dirección opuesta. Esperaba que él procediera a intentar detenerme, agarrándome. No fue así. Con rostro cada vez más desencajado se me fue detrás mientras me decía que yo no podía hacer lo que estaba haciendo. Mientras, yo, con suma cortesía, le indicaba que no iba en esa dirección y excusándome con la falta de dominio del idioma aceleré el paso y me perdí en la ciudad. En otras palabras, aquel señor, no sólo esperaba, en términos de sus actitudes y sus expectativas sobre las mías, que yo fuera honesto y pagara el autobús, sino que cuando fuera sorprendido no haciéndolo, estuviera dispuesto a pagar una multa voluntariamente. Más aún, esperaba, en términos de sus actitudes y sus expectativas sobre las mías, que en caso de no pagar la multa, yo fuera y me encerrara voluntariamente en la cárcel. Es esta constelación de actitudes las que generan la eficiencia en los sistemas de manera que las instituciones funcionen. Es esta constelación de actitudes la que hace que su ingreso per cápita sea $10,000 mayor que el de Estados Unidos a pesar de ser un país mucho más pequeño y con mucho menos recursos naturales.


Otra característica de los países desarrollados que se puede observar en las actitudes es que la gente hace fila automáticamente para todo. Por ejemplo, para entrar a los autobuses se ponen en linea sin que nadie se lo pida. En nuestro país esto sería poco menos que imposible. En éste cuando se acerca el autobús, la gente en las paradas preparan sus codos en anticipo a la lucha que se avecina, para ver quién entra primero. Si es la hora del tapón, la lucha se torna verdaderamente encarnizada. Como dato curioso, es de observarse que en los países latinoamericanos de mayor desarrollo económico, como, por ejemplo, México y Argentina, la gente suele hacer fila para entrar a los autobuses y el nivel de autodisciplina es mayor. Esto evidencia la aseveración hecha anteriormente, en el sentido de una alta correlación entre estas dos variables.


En el sur de Alemania, en la región de Baviera, pudimos observar que en las tiendas por departamentos, objetos de mucho valor permanecían expuestos, accesibles al que quisiera robárselos. Por ejemplo, bolígrafos de $10 y $15 se hallaban en las góndolas sin ninguna protección, de manera que era fácil tomar uno, ponérselo en el bolsillo de la camisa y seguir andando sin ser notado. Examinamos el lugar en busca de espejos cóncavos o cámaras de video y no había ninguna protección de este tipo. Indagamos al respecto entre los transeúntes y averiguamos que la policía en esa región era muy estricta. Que cuando agarraban a alguien robando la pasaba muy mal. Ignoramos si esto era cierto o no, pero por si acaso, decidimos no conducir ningún experimento al respecto en Alemania.


Una característica de los países europeos en términos de sus actitudes que llamó nuestra atención fue la de no tirar papeles al piso. En nuestro país es frecuente que una persona se coma algo y tire la basura al piso o si está en un auto le lance por la ventana. En Europa, no solamente la conducta típica es diferente, sino que todo el mundo se siente en el derecho de reprender al que lo hace. En nuestro país los que no tiran papeles al piso, no se sienten en el derecho de llamarle la atención al que lo hace. Ni se atreven tampoco. Existe aparentemente otra actitud, en el sentido de que cada cual puede hacer lo que quiera y es mal visto el que alguien intervenga. Se le llama "presentado" y se considera ofensivo o se considera "meterse en lo que no le importa".


En relación con esto condujimos un experimento en Londres. Queríamos ver si era factible generar una estadística que permitiera estimar qué proporción de la población tenía determinada actitud. Luego, hacer lo mismo en los demás países europeos, con el propósito de buscar la correlación entre esta variable y el nivel de desarrollo económico, medido en términos del ingreso per cápita. El experimento consistía en pararme al final de una acera frente al "Hyde Park" con una bolsa de MacDonald´s que contenía los desechos de lo que había comido. Cuando se aproximaba alguien, tiraba la basura al piso y, disimuladamente trataba de registrar visualmente los gestos de su rostro. Luego, determinaba la proporción de personas que reaccionaban negativamente, como un estimado de la proporción de personas en la población que poseían una fuerte actitud en contra de esta conducta. Para mi sorpresa fui arrestado por un policía que subrepticiamente había estado vigilando mi comportamiento, ante los gestos de evidente alegría que revelaban los rostros de las personas que a mi alrededor habían estado observando mi investigación. Grande fue el trabajo que pasé para convencer al policía de que yo era un profesor de la Universidad de Puerto Rico y que aquello era un experimento científico de tipo sociológico. Finalmente conseguí que me liberara, no sin antes advertirme que no me quería ver haciendo esos supuestos experimentos en ningún lugar de Londres.


Las experiencias en los países europeos y latinoamericanos dejaron en mí la fuerte impresión de que las actitudes en estos pueblos no eran meramente consecuencias accesorias del desarrollo económico alcanzado, sino que, al revés, jugaban un papel fundamental en el nivel de desarrollo alcanzado. Es decir, el bienestar económico no trae, no es la causa de las actitudes correctas, como se suele creer, sino que éstas son la causa del bienestar económico.


Fueron estas impresiones las que nos llevaron, en primer lugar, a formular unas ideas sobre las causas del subdesarrollo como un problema de actitudes y, en segundo lugar, a reformular la teoría psicológica sobre las actitudes. Finalmente, la reformulación de la teoría de las actitudes nos llevó a reformular todo el resto de la teoría psicológica, lo cual constituye el material que presentamos en esta obra.


Una vez desarrollada una teoría, el próximo paso dentro de esa metodología consiste en verificar, a través de la experimentación de laboratorio y la observación en el campo, si la teoría se confirma por la realidad. Esta es una labor que requiere del concurso de mucha gente y de muchos recursos. Esperamos que en las universidades se vayan desarrollando los experimentos que permitan confirmarla o rechazarla.


Es bueno señalar que a lo largo de nuestra exposición, nos encontramos múltiples términos y conceptos que desarrollamos y para los cuales no existen vocablos ni en la literatura, ni en el habla popular. En consecuencia, nos hallamos, como en el cuento de García Márquez, en un lugar como aquél de Macondo en que, para referirnos a ciertas cosas, había que señalarlas. Es por ello que se hizo imperativo bautizarlas. El término senergicón es un ejemplo de esto. Como éste se encuentran muchísimos otros que son consecuencia de haber caminado por territorios nunca antes pisados.


Agradecemos a la Dra. Rosario Núñez de Ortega el haber leído el documento en su totalidad y el haber introducido muchísimas correcciones de estilo y ortografía. Las que todavía queden son responsabilidad del autor.


Queremos terminar haciendo una última observación. Durante las primeras revisiones que hiciéramos sobre la teoría de las emociones, una de las personas más reconocidas en este campo, Robert Plutchik (por casualidad también de la Universidad de Harvard) en la introducción a su libro "Las Emociones", elabora una lista con las interrogantes que una teoría sobre las emociones debe contestar. Recogimos ese reto y procuramos satisfacerlo. A lo largo de todo el trabajo se ha tenido siempre la intención de tratar de contestar el mayor número de las interrogantes planteadas por Plutchik.


Plutchik hace énfasis en las funciones que, de acuerdo con los filósofos de la ciencia, toda teoría debe tener.

1. Las teorías deben actuar como integradoras de los hechos ya conocidos.
2. Deben mostrar conexión entre las áreas aparentemente separadas.
3. Han de estimular nueva investigación.
4. Deben predecir nuevas relaciones.






Aparte del reto que recogimos de Harrison, también hemos estado muy pendientes de satisfacer estas cuatro demandas de Plutchik. En especial, hemos tratado de proporcionar una teoría general que sea capaz de integrar las teorías, no solamente dentro del campo de las emociones y la motivación, sino de los distintos campos dentro de la Psicología. Creemos haber logrado la primera teoría verdaderamente integral de la psicología. Naturalmente, el lector juzgará lo correcto de nuestra pretensión.


W.H.B.
Cayey, Puerto Rico
febrero 1992


 


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