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ESCRITOS DEL AUTOR
Libro:
La Teoría de los Senergicones
Aspectos Psico-Sociológicos del Subdesarrollo
Económico
Dedicatoria Prólogo y Capítulo 19 de La Teoría de los Senergicones
Libro:
La Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso
La Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso
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1 Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso Instrucciones y Resumen
2 Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso (Capítulos
9 al 16 y 20)
3 Teoría de la Distribución Óptima del Ingreso (Libro
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Senergicones puede ser bajada de este lugar a partir de los siguientes tres
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2 Teoría Senergicones Capítulos 1 al 11 (Ingles)
3 Teoría Senergicones Capítulos 12 al 19 (Ingles)
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Capítulo 19
Tareas Investigativas a Desarrollarse Planteadas por Nuestra Teoría y
Algunas Ideas Sobre Cómo Medir un Senergicón
19.1 LA NECESIDAD DE UN INDICE DE ACULTURACIÓN EN EL SISTEMA DE LAS
ESTADÍSTICAS NACIONALES Y LA MEDICIÓN DEL SENERGICÓN
Como señaláramos al comienzo del primer capítulo, este último capítulo es el
más importante de todos. Las razones para ello pronto se harán evidentes.
A la luz de la teoría que hemos discutido, quedan planteadas tres tareas a
realizarse. 1. Desarrollar una estadística nacional que constituya una
medida del grado en que los individuos de una sociedad se acercan o se
alejan de los valores cultu-rales desarrollados por esa sociedad e
incorporarla a las cuentas nacionales. 2. Medir un senergicón. No sólo
registrar su presencia cuando un individuo es enfrentado a un objeto
valorizado, sino registrar su magnitud o intensidad. Ambos parámetros son
importantes. 3. Investigar cómo se instalan y se desinstalan los valores.
Vamos a discutir estas tareas.
1era Tarea: si es correcta nuestra teoría y si es correcto que una parte
substancial del desarrollo económico de un pueblo depende de las actitudes,
es decir, de la constelación de valores aprendidos que tengan instalados los
individuos que componen esa sociedad, entonces, el incorporar esta variable,
no solamente al análisis económico, sino al campo de la investigación
económica, sería de fundamental importancia. Es dentro de este contexto que
el desa-rrollo de una estadística nacional que proporcione una medición o
índice cuantitativo del apego de un pueblo a su cultura o, más
específicamente, a sus valores, es tan esencial e importante como la propia
medición del producto nacional. La misma serviría, no solamente para iniciar
un plan de desarrollo eco-nómico que contemple aumentos en el nivel de esta
estadística en los países subdesarrollados, sino para enmarcar y darle
seguimiento anual al nivel de desa-rrollo alcanzado en los países ya
desarrollados.
Es de advertirse, que lo que se pretende medir no son los valores que tiene
un pueblo o sociedad y que se expresan como parte de la cultura a través de
las normas sociales, sino la proporción en que esos valores están instalados
en la población y la intensidad con que los que los tienen instalados
responden a ellos (importancia del valor). Todos los pueblos desarrollan más
o menos un mismo conjunto de valores que podríamos llamar básicos. Esta
expresión de la cultura de los pueblos es bas-tante parecida de una sociedad
a otra. Esto se debe a que los valores sociales básicos son la expresión
verbal de los comportamientos individuales que redundan en el bienestar del
colectivo. Puesto que lo que define el bienestar colectivo tiende a ser
igual en todas las sociedades, la expresión de los compor-tamientos
individuales que generan dicho bienestar colectivo, y que es lo que se
representa en los valores sociales que hemos dado en llamar básico, es la
misma en virtualmente todas las sociedades, desde las más subdesarrolladas
hasta las más desarrolladas. Virtualmente, en todos los pueblos es malo
mentir, robar, ser deshonesto, ser antieconómico o derro-chador, ser
ineficiente, etc. La diferencia radica en que, en los pueblos desarrollados,
la proporción de la población en la cual estos valores han sido instalados y
la intensidad (importancia relativa del valor) con que las personas que los
tienen instalados res-ponden al valor, es mayor que en los subdesarrollados,
y eso tiene unas consecuencias, no solamente sobre el bienestar del
colectivo, sino sobre el nivel de productividad, eficiencia y desarrollo
económico de la sociedad como un todo.
Es decir, todas las sociedades han desarro-llado y exhiben un conjunto de
valores culturales que podemos llamar básicos y que son comunes a todas
ellas. Al parecer, todas las sociedades descu-bren, a través de la
experiencia, el mismo conjunto básico de normas de conducta social que
definen el bien común, el bien del colectivo, por el encima del bien
individual. En todas las sociedades robar es malo, mentir es malo, ser
honesto es bueno, etc. Lo que diferencia una sociedad de otra no es el
patrón básico de valores culturales que desarrollan, sino la proporción de
la población que se apega y sigue fielmente el cumplimiento de los mismos. O
sea, en lo que se diferencian es en la proporción de individuos que instalan
en su Memoria 3 de Valores Aprendidos los valores que establece la sociedad
y que consagra como parte venerable de su cultura.
Este es uno de los aspectos en que nuestra teoría se diferencia de la de
Harrison tal y como señaláramos en la nota al calce número 5 de la página
vii en el prólogo.
No estamos diciendo con esto que todas las culturas son iguales en cuanto al
sistema de valores o normas sociales que desarrollan, sino que todas tienden
a ser iguales en cuanto al conjunto de valores y normas básicas que definen
el bien común por encima del individual. En ese sentido, todas las
sociedades, por experiencia, llegan al mismo descubrimiento y lo consagran
como los valores sociales que forman parte de la cultura general más amplia.
Por ejemplo, la sociedades pueden diferir en cuanto a los valores que
definen la posición del hombre y la mujer en la sociedad. Pueden diferir en
cuanto a la forma de vestir o sus hábitos alimenticios. Pueden diferir en
cuanto a su concepción de la puntualidad, el sentido de la vida y la
obscenidad, etc.. Así, la cultura árabe se diferencia de la latina y la
latina de la anglosajona. Pero en todas ellas robar o mentir o ser
deshonesto o ser derrochador o no ser eficiente o no ser económico o ser
egoísta o no ser considerado o no ser altruista, etc., es malo. Todos éstos
son valores que definen los elementos que constituyen el bien común. Son
estos elementos de la constelación de valores que definen el bien común, los
que llamamos básicos y cuya instala-ción en la psique del individuo
interesamos medir.
La medición del grado o proporción en que los valores básicos de la
sociedad, que definen el bien común, están instalados en los miembros que la
componen, sería, pues, un índice del grado de aculturación (apego a la
cultura). Es de esperarse que mientras más apegado a los valores que definen
el bien común sea un pueblo, más eficiente será la sociedad y mayor debe de
ser el desarrollo econó-mico que se alcance
El desarrollar esta estadística implica gene-rar la investigación necesaria
para determinar cuáles, entre todos los valores aprendidos básicos que
tienen las sociedades, pueden ser los más correlacionados con el nivel de
desarrollo económico. Aquel subconjunto de valores aprendidos que mejor se
correlacione con el grado de desarrollo económico será el mejor predictor de
éste y, en consecuencia, el apegamiento a ellos, o grado de aculturación,
será el mejor índice para medir el apego a la cultura, visto desde la
perspectiva utilitaria de lo económico. Medir la confiabilidad y la validez
de tales instru-mentos será otra tarea a investigar.
Intuitivamente, podemos proponer que los valores aprendidos que más se
correlacionan con el desarrollo económico son aquéllos que tienden a hacer
que el sistema funcione integradamente como un organismo. Aquéllos que
permiten la predictibi-lidad y la confiabilidad de las conductas o compor-tamiento
de los miembros que componen la socie-dad. A tono con ello, las siguientes
normas socia-les deberían ser consideradas en el desarrollo de un índice de
aculturación.
1. No mentir
2. No hurtar
3. Ser honesto
4. Ser económico
5. Ser eficiente
Los primeros dos valores correspondientes a las normas sociales "no robar" y
"no mentir" le dan confiabilidad y predictibilidad a la conducta de los
individuos, lo que implica que el sistema fun-cionará mejor. La corrupción
será menor y los costos relacionados con ella disminuyen. Además, el sistema
funciona eficientemente por que el dinero fluye libremente y los individuos
no evaden sus deudas o mienten contrayendo deudas que no van a pagar. Hay
más comercio, mayor volumen de ven-tas, y por lo tanto de producción. La
aceptación que tienen los cheques y las tarjetas de crédito y otros medios
de pagos en los países desarrollados permite que el dinero fluya, fomentando
un mayor volumen de transacciones comerciales. En los paí-ses en donde la
aceptación de cheques no es muy grande, debido a la gran cantidad de cheques
sin fondo, el dinero no fluye y el comercio es más restringido.
Con respecto al tercer valor correspondiente a la norma social "ser honesto"
podemos señalar que en los países desarrollados es lo que hace que las
instituciones funcionen más eficientemente. Los tribunales funcionan, la
policía funciona, el gobierno funciona, etc. En los países subdesarrollados
el sistema de justicia criminal está muy lejos de tener la eficiencia que
este tiene en los países de Europa, por ejemplo. El gobierno tampoco
funciona. Los funcionarios públicos que tie-nen a su cargo las decisiones en
cuanto a otorgar un permiso de construcción o un permiso para operar un
negocio o una licencia de algo o una autoriza-ción para algo, lo harán
atendiendo, no el interés del colectivo, como es más frecuente que ocurra en
los países desarrollados, sino atendiendo su propia con-veniencia. Esto es,
si el que solicita el permiso o licencia es conocido o no, amigo o no,
familiar o pariente o no. O si el otorgamiento de ese permiso o licencia le
conviene o no al que lo otorga. Esto es si el que solicita el permiso es una
persona importante el funcionario le conviene congraciarse con él, etc. Toda
esta conducta es regulada por el valor que se instala ante el objeto
altamente abs-tracto dado por la norma social "ser honesto" y que es "ser
honesto es bueno". En aquellos casos en que no hay ninguna relación de
amistad o paren-tesco con el funcionario gubernamental, pero que media un
pago de dinero por el favor, el valor "no robar" es el que regula esta
conducta.
Este mismo problema descrito con respecto a los funcionarios dentro del
poder ejecutivo y judicial, es idéntico dentro del poder legislativo. La
corrupción, la mentira y la deshonestidad entre los políticos es responsable
de gran parte del atraso en los países subdesarrollados.
El poco apego de los individuos a los primeros dos valores es lo que hace
que en los países subdesarrollados la corrupción gubernamental desangre los
fondos públicos. Una gran parte de éstos no llegan donde tienen que llegar
por que los funcionarios públicos o se los roban directamente o lo hacen a
través de contratos que se otorgan a precios onerosos a empresarios privados
que se encargan a su vez de pagarle una comisión al funcionario corrupto.
El poco apego de los individuos al tercer valor es lo que hace que en los
países subdesarrollados el sistema de justicia criminal no funcione o
funcione muy deficientemente.
Con respecto a los últimos dos valores correspondientes a las normas
sociales "ser económico" y "ser eficiente" podemos decir que son esenciales
para el buen funcionamiento del sistema eco-nómico. El ciudadano que es
económico y que busca siempre obtener el máximo por su dinero, hace que el
sistema funcione eficientemente. El ciudadano que es eficiente y que busca
siempre alcanzar sus metas empleando el mínimo de los recursos disponibles,
hace que el sistema funcione eficientemente. Ambos valores activan
senergicones compulsivos. Es decir, en ambos casos el objeto abstracto
enfrentado es una meta u objetivo. En consecuencia, según se aleja el
individuo de la economicidad o de la eficiencia como meta u objetivo en las
distintas situaciones, se activa en él la ansiedad. Sólo cuando se acerca o
alcanzan esos objetivos, la ansiedad desaparece. No es de extrañarse, pues,
que las personas en los países desarrollados, a pesar de la superioridad que
exhiben en adelantos médicos, padezcan más de ataques cardiacos y alta
presión, ya que el alejarse de la eficiencia les genera ansiedad en la
medida en que tengan instalados estos dos últimos valores.
Es por las razones anteriormente explicadas que entendemos que un índice de
aculturación que se relacione con el desarrollo económico debe contener
mediciones del apego de los miembros de la sociedad a los valores
correspondientes a las cinco normas sociales discutidas.
2da y 3era Tarea: el desarrollar este índice de apego a la cultura será
quizás el aspecto más fácil de las tres tareas investigativas a realizarse.
Quizás los aspectos más difíciles e importantes sean los relacionados con
las tareas dos y tres. Es decir, lograr una medición precisa de la
intensidad de un senergicón y generar investigación para determinar cómo se
instalan y se desinstalan los valores en los seres humanos; a qué edad es
más fácil que ocurra este proceso; cómo se pueden desarrollar programas
nacionales para instalar valores aprendidos en la población, etc.
Éstos son problemas cuyas soluciones quizás se puedan vislumbrar mejor en el
camino, a la luz de los resultados de las investigaciones que se vayan
realizando, que sentándose a pensar cuál puede ser la forma óptima de
hacerlo. A pesar de que nuestras propias ideas sobre cómo realizar estas
tareas no están todavía suficientemente claras, podemos sugerir algunas que
le darían al posible interesado, no solamente la idea sobre la forma en que
se pueden hacer, sino la magnitud enorme de las dificultades con que se va a
topar en dichas tareas. Estas sugerencias se ofrecerán más adelante.
La medición de la presencia e intensidad del senergicón activado cuando el
individuo enfrenta un objeto es de una importancia crucial. No solamente
servirá para corroborar nuestra teoría, sino que en la medida en que se
vallan desarrollando los instrumentos para lograr mediciones más precisas y
fáciles de obtener, en esa misma medida se abrirá un nuevo mundo de
posibilidades investigativas en el campo de la conducta. Además de servir al
campo de la investigación sobre la conducta, el lograr una medición del
senergicón que sea precisa, a la misma vez que fácil de implantar,
permitiría desarrollar mejores índices de aculturación. Es decir, el medir
con precisión un senergicón se presenta como una tarea extraordinariamente
difícil y llena de dificultades. En la medida en que se valla avanzando en
este campo y se desarrollen formas fáciles y precisas de medir la presencia
de un senergicón, en esa misma medida se podrán desarrollar mejores índices
de aculturación.
Por último, quisiéramos señalar lo siguiente. Si se logran realizar con
éxito estas tareas que proponemos, la Psicología Social y la Sociología
Psicológica habrán entrado en una fase completamente nueva en su desarrollo
como ciencias. Los psicólogos sociales y sociólogos psicólogos ocuparán
muchos de los puestos que como ase-sores del gobierno ocupan hoy en día los
economistas y de los cuales han sido excluidos hasta la fecha. La Psicología
y Sociología habrán dejado atrás el plano de lo exclusivamente teórico e
inaplicable para entrar al terreno de una ciencia práctica y utili-taria,
alcanzando prioridad por encima de la economía en la esfera de las
decisiones gubernamentales a largo plazo para mejorar la economía, asi como
para mejorar el funcionamiento de la sociedad.
19.2 OTROS USOS QUE PUEDE TENER LA MEDICIÓN DEL SENERGICÓN
Además de crear un índice de aculturación, así como el servir para
desarrollar la investigación sobre la conducta, las mediciones del
senergicón que se pretenden realizar tienen un uso práctico inme-diato en la
esfera de la micropsicología. Estas resultan útiles para la empresa privada,
así como para ciertas ramas del gobierno. Por ejemplo, el comportamiento
honesto es un factor de crucial importancia en las ramas del gobierno que
bregan con información confidencial, así como en la empresa privada, donde
se trabaja con mucho dinero.
Poder predecir qué individuos tienen mayores probabilidades de no actuar
deshonestamente ante una tentación de lucro y cuáles tienen mayores
probabilidades de ceder ante la tentación, sería un factor de gran utilidad
a la hora de elegir o seleccionar el personal para puestos claves.
Tal tipo de predictor sería extremadamente útil en aquellas empresa para las
cuales se requiera un personal que sea de gran confianza, como, por ejemplo,
un empleado de banco o un empleado en una rama de gobierno, que como en el
ejército, esté en posesión de secretos de estado o trabaje con material
confidencial.
Uno de los componentes emocionales de la actitud de no robar o no mentir es
la vergüenza. De las tres dimensiones de la actitud tricotómica discutidas
en el Capítulo 14 ésta es la que regula la conducta ante los demás. Es de
esperarse que mientras mayor sea la vergüenza que la acción de mentir o
robar produce en el individuo, mayor será la probabilidad de que no mienta o
no robe.
La intensidad de la emoción vergüenza en un individuo habrá de depender de
factores biológi-cos y genéticos. Algunos individuos son más ver-gonzosos
que otros, de la misma forma que algunos individuos son más rápidos, o más
fuertes, o más resistentes, o más inteligentes que otros (ver Capítulo 15,
Sección 15.1, sobre personalidad). Aparte de los factores innatos, la
intensidad de la emoción vergüenza habrá de depender también del haber
internalizado los valores sociales de que el mentir es malo y el robar
también, y de haberle asignado un orden de importancia en la jerarquía de
valores (ver Capítulo 15, Sección 15.2). La inter-nalización de valores y su
importancia procede prin-cipalmente del aprendizaje recibido de sus padres y
en segundo lugar, de la escuela, iglesia y otras ins-tituciones.
El nivel de vergüenza experimentado por una persona ante la violación de una
norma social, como la de no robar o no mentir, dependerá de estos dos
factores. Es decir, de la sensitividad del indivi-duo para avergonzarse, o
sea, para experimentar la emoción vergüenza y de la valorización negativa
subjetiva instalada en la Memoria 3 de Valores Aprendidos, además de la
importancia que les haya dado a los valores de "robar es malo" y "mentir es
malo", derivados de las normas sociales de no robar y no mentir.
El poder medir la intensidad de la emoción vergüenza que estos dos
determinantes de ella pro-ducen en el individuo, con respecto a las normas
sociales no mentir y no robar, nos permite utilizar estas mediciones o
variables como predictores para inferir la conducta que habría de tener el
individuo cuando se pone en sus manos material cuyo manejo requiera
honestidad.
Nos interesa poder determinar cuál es el nivel de intensidad promedio de la
emoción ver-güenza que tendrá que tener un individuo, para no robarse $10.
¿Cuál es la intensidad promedio que tendrá que tener para no robarse $30,
$100 o $1,000 y así por el estilo?
19.3 ¿QUÉ ES LO QUE PROCURA MEDIR UN INDICE DE ACULTURACIÓN?
En esta sección y la próxima habremos de discutir algunas ideas sobre cómo
se puede abordar la primera de las tareas a realizarse planteadas por
nuestra teoría.
Como hemos señalado un índice de acultu-ración debería estar constituido por
una medición del apego de los miembros de la sociedad a aquellos valores que
más fuertemente se correlacionen con el desarrollo económico. Según
señaláramos en la Sección 19.1, tenemos la creencia intuitiva de que cinco
valores altamente correlacionados con el desa-rrollo son los que
corresponden a las normas socia-les: "no mentir", "no robar", "ser honesto",
"ser económico", "ser eficiente". En lo que sigue ofre-cemos algunas ideas
sobre cómo obtener medicio-nes del apego de los individuos a estos valores.
El valor "ser honesto es bueno" no lo con-sideramos debido a que es un
objeto abstracto difícil de reducir a una condición experimental. Esperamos
que las consideraciones de los otros cua-tro valores sea suficiente para
desarrollar un índice de aculturación que se correlacione altamente con el
nivel de desarrollo económico.
Otra razón para no incluir la norma "ser honesto" es que la honestidad es
una concepción cuya captación de un contexto varía mucho de un individuo a
otro, dependiendo del nivel de tolerancia a las distorsiones de cada sujeto
(ver Sección 15.6 del Capítulo 15) y de su capacidad para analizar
situaciones complejas. En consecuencia, hay acciones en donde un individuo
con una alta tole-rancia a las distorsiones y/o con una alta capacidad para
analizar contextos complejos podría detectar deshonestidad y reaccionar
anímicamente, mientras otros que no tienen esas habilidades no captarían
nada y, por consiguiente, aunque tengan instalado el valor no reaccionarán
anímicamente. Todo esto nos lleva a no considerar este valor dentro del
grupo para desarrollar un índice de aculturación. Entendemos que los otros
cuatro son suficientes para representar los valores que definen el bien
común.
La correlación que podemos esperar hallar entre el apego de los individuos a
sus valores cultu-rales que definen el bien común y al nivel de desa-rrollo,
dependerá de qué tanto del subdesarrollo es explicado por factores
estrictamente económicos y qué tanto por factores de la falta de apego a los
valores culturales. No es posible con el conoci-miento existente determinar
qué proporción del sub-desarrollo se debe a una cosa y que proporción se
debe a otra. Intuitivamente creemos que por lo menos del 30% al 40% del
subdesarrollo es expli-cado por el poco apego de los individuos a la cul-tura
y del 70% al 60% a variables estrictamente económicas. Si esto es así,
entonces debemos esperar que el desarrollo de programas nacionales para
lograr aumentos en el índice de aculturación, debe ser capaz de mejorar la
economía nacional por lo menos en un 30%.
No obstante, los factores económicos están muchas veces conectados de manera
indirecta con los factores sociológicos, de tal forma, que los cambios en
los últimos propician el que ocurran cambios en los primeros a largo plazo.
Siendo así se puede esperar que el desarrollo de programas nacionales para
lograr aumentos en el índice de aculturación produzca en el largo plazo
mejoras en la economía de más de un 30%.
El índice de aculturación debe procurar medir el apego de los individuos a
los valores bási-cos que definen el bien común. Esto es, qué pro-porción de
los individuos tienen instalados los valo-res y con qué importancia. Esto
sería, en qué pro-porción P de ellos se activan senergicones ante los
objetos abstractos dados por las normas sociales y cuál es la intensidad
promedio (importancia del valor) con que se activan los senergicones en aque-llos
que los tienen instalados.
La proporción P de la población que tiene instalado el valor "robar es malo"
y la importancia que se le ha asignado a esta instalación constitu-yen dos
índices del apego de los individuos a ese valor. Si quisiéramos un índice
general del apego a un valor (IGAVi) podríamos obtenerlo del producto de
estos dos índices particulares:
IGAVi = Pi i
donde Pi es la proporción de individuos que tienen instalados el valor i en
particular y i la intensidad promedio con que se activa el senergicón en
cues-tión ante la presencia del objeto abstracto dado por la norma social en
aquellos que tienen instalado el valor.
Podríamos hacer lo mismo con los restan-tes tres valores y tendríamos un
conjunto de índices del apego de los individuos para cada uno de esos
valores. Si quisiéramos un índice total del apego a los valores (ITAV) la
forma más elemental de hacerlo sería la suma ponderada de estos cuatro
subíndices.
Decimos la suma ponderada por que es de esperarse que algunos valores
básicos estén más relacionados con el desarrollo económico que otros. Si el
valor "ser eficiente es bueno" fuera el doble de importante que el valor
"mentir es malo" la propor-ción de individuos que tengan instalado el primer
valor, asi como su intensidad, debería multiplicarse por dos y la proporción
de individuos que tengan instalado el segundo valor debería multiplicarse
por uno. De esta forma el índice de aculturación (ITAV) sería:
ITAV = w1P1 1 + w2P2 2 + w3P3 3 + w4P4 4
donde las wi son los factores de ponderación, las Pi son las proporciones en
que los respectivos valores se hallan instalados en la población y las i son
las intensidades promedios de los correspondientes senergicones activados
(importancia del valor).
Puesto que en el presente no sabemos cuá-les valores asignar a los factores
de ponderación wi, lo único que se nos ocurre es estimar las cuatro Pi i y
presentarlas como cuatro índices por separados. No obstante, debido a que no
con-tamos con instrumentos de medición capaces de identificar y determinar
la presencia de un senergi-cón, asi como de determinar su intensidad, no es
fácil obtener estas mediciones. Una manera indi-recta y a la misma vez fácil
de obtener mediciones de Pi i, sería la que se discute en la siguiente
sección.
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